Interpretaciones historiográficas: Perry Anderson
Características generales del Antiguo Régimen.
Ilustración; principales teóricos, diferentes propuestas planteadas.
Revolución Gloriosa.
Relevancia de la Revolución de las Trece Colonias; confederación y federación diferencias de los conceptos.
Revolución Francesa.
Crisis del orden colonial.
Si necesitan material me lo piden, estudien!!
5ºHLCR
jueves, 21 de junio de 2018
miércoles, 20 de junio de 2018
Clase 21/06
Ocuparán dos liceos durante la jornada el jueves
En el marco del paro de 48 hs. que cumple la Federación Nacional de Profesores de Educación Secundaria (FENAPES), la Asociación de Profesores de San José ocupará dos liceos durante la jornada el jueves.
La conducción del gremio, sin embargo, ha decidido mantener en reserva cuáles serán los centros educativos en los que se concretará la medida. De todas formas se adelantó que uno será ocupado en la mañana y el otro en la tarde.
La detención en curso da continuidad a las movilizaciones iniciadas con los paros regionales de mediados de mayo, que siguieron luego con otro paro de 48 horas y finalmente uno de 24, el miércoles de la semana pasada.
Como se sabe, los profesores reclaman el seis por ciento del PBI para la ANEP y la Universidad de la República, así como también un uno por ciento para investigación y desarrollo.
Nuevas medidas se definirían en la Asamblea General de Delegados (AGD) que la Federación llevará a cabo el próximo sábado 23 en la ciudad de Montevideo.
Información de:http://sanjoseahora.com.uy/2018/06/20/ocuparan-dos-liceos-durante-la-jornada-el-jueves/
lunes, 18 de junio de 2018
Artigas y el Centralismo Porteño
El PROCESO
REVOLUCIONARIO 1811-1813
1810 y la Revolución de
Mayo
El 25 de mayo de 1810
queda instalada la Junta de Mayo. La formación de la misma representa una
ruptura en el orden jurídico político: el Virreinato había desaparecido y en su
lugar, el poder quedaba en manos de una junta criolla.
La reacción españolista
no se hizo esperar. Surgieron por todo el territorio del recientemente disuelto
virreinato, diversos focos antirrevolucionarios, entre los que se desatacaron
Córdoba, Paraguay, Alto Perú, y Montevideo.
En lo que refiere a
este último, la Junta porteña intentó cierto acercamiento con las autoridades
montevideanas de la cual buscó su
reconocimiento. Pero Montevideo,
reducto fuerte del españolismo, fiel al monopolio y al Consejo de Regencia,
recién instalado en Cádiz., se negó.
A partir de entonces,
se libró una feroz lucha entre la ex capital virreinal, ahora revolucionaria
(BsAs) y la gobernación de Montevideo, por imponer su voluntad en la campaña
oriental, bajo un enfrentamiento que se midió desde lo jurisdiccional hasta la
fuerza.
2. La admirable alarma… estalla la
Revolución en la Banda Oriental.
En enero de 1811,
Montevideo se convirtió en la nueva capital del Virreinato, con Elío como
Virrey, quien no tardó en declararle la guerra a Buenos Aires (12 febrero
1811).
Tres días después
Artigas desertaba del Cuerpo de Blandengues y ofrecía sus servicios a la Junta
de Buenos Aires, para entonces Junta Grande, ya que había incorporado delegados
del resto de las provincias del ex Virreinato.
En la estrategia
revolucionaria dirigida desde Buenos Aires entendía que la victoria sobre
Montevideo, uno de los reductos más significativos del españolismo y la flota
más importante del cono sur, era fundamental. Para ello se hacía vital
conseguir la adhesión de la campaña oriental a la causa revolucionario. Y como
ya lo había anunciado Mariano Moreno en su “Plan de Operaciones” la figura de
Artigas, resultaría clave a la ahora de despertar y encauzar hacendados y masas
populares a la lucha contra el español.
Pero no fue
precisamente Artigas quien prendió la chispa inicial que dio origen al
estallido revolucionario de este lado del Uruguay. Sino que fueron Pedro Viera
y Venancio Benavides quienes el 28 de febrero de 1811 se levantaron contra
España en el llamado Grito de Asencio. Según los autores Melogno, Bruschera y
Reyes Abadie, el “Grito de Asencio” como hecho militar tuvo poca identidad. El
movimiento fue visto por Artigas como un alzamiento de pueblo desvalido y
vecinos establecidos de buena suerte.
A partir de entonces se
dio inicio a una serie de insurrecciones en diversos puntos de la campaña,
evidenciando así que la revolución había llegado a la Banda Oriental. A este
despliegue de levantamientos revolucionarios se le llamó “admirable alarma” y
se caracterizaron por ser movimientos espontáneos e inorgánicos que brotaron
por las distintas regiones de la campaña. A estos se sumaron los enviados de
BsAs, con la intención de encausarlos y dirigirlos hacia la victoria sobre Montevideo.
Entre ellos estaba José Artigas que desde su Cuartel General de Mercedes lanzó
su Proclama por la cual alentaba al pueblo a unirse a la revolución.
Lo
que debemos destacar en esta instancia es la fuerte presencia directriz de la
Junta de Buenos Aires, como rectora de la Revolución. En este plano, la Junta
centraliza el marco de operaciones militares que pretenden hacer triunfar la
revolución en el Plata. Con este motivo, nombra a Artigas Jefe de Milicias
Orientales. Esto implica que, haciendo uso de su experiencia y trayectoria,
Artigas debe reunir un ejército informal (no profesional) que, siguiendo los
lineamientos de Buenos Aires, marcharan contra el foco españolista. Hasta el
momento, no encontramos en Artigas una propuesta ideológica en relación a un
proyecto político o económico de la región, sino que simplemente adhiere a las
ideas revolucionarias de libertad y muerte a la tiranía española.
En relación al cuerpo
miliciano que logró reunir, es interesante destacar su composición
policlasista, dada la heterogeneidad de intereses que se conjugaron como
adhesión a la causa revolucionaria. Más precisamente, fue el propio Artigas
quien acuñó la expresión “Ejército Nuevo” para designar al conjunto de hombres
que conformaron la revolución oriental. .
La revolución en la
Banda Oriental pretendía avanzar sobre
tres frentes estratégicos: Colonia, Maldonado y Montevideo.
Bajo este objetivo, se
fueron apoderando de los distintos pueblos de la campaña, de manos de
Benavides, Manuel Antonio Artigas y otros. Estos progresos revolucionarios
convencieron a Elío de realizar una acción militar decisiva en Las Piedras
visto la amenaza preeminente de que Montevideo quedara encerrada tras sus
muros.
Por eso aumentó sus
fuerzas en Montevideo con efectivos de marina y milicias al mando de José
Posadas a quien le fue ordenado
establecer su cuartel general en Las Piedras para esperar a los
revolucionarios.
Pero el desenlace fue
otro. El 18 de mayo de 1811, el ejército al mando de José Artigas derrotó a los
españoles al mando de Posadas. Esta fecha ha sido inmortalizada en la Historia
Nacional como símbolo de la heroicidad y genialidad del estratega militar que
hizo posible tal victoria: José Artigas.
En lo que respecta al
proceso revolucionario, el 18 de mayo tuvo relevancia ya que acompañada por los
otros triunfos de los otros caudillos (Benavidez en Colonia y Francisco Manuel
Artigas en Maldonado), la campaña oriental quedó bajo el dominio de los
revolucionarios.
En este sentido, la
Junta de Buenos Aires explotó de forma simbólica la derrota de Posadas,
utilizándola como propaganda revolucionaria, en medio de los sucesivos fracasos
que sus ejércitos estaban teniendo en el frente norteño (Alto Perú).
El ejército artiguista
avanzó sobre Montevideo, y el 20 de mayo de 1811, estableció sus líneas y
campamento, sitiando a la ciudad. Quedaba así constituido el Primero Sitio a
Montevideo. Dos días después, habían empezado a desplazarse las fuerzas porteñas al mando de Rondeau desde el Cuartel
General de Mercedes, llegando al sitio el 1º de junio, estableciendo su cuartel
general en Arroyo Seco. La línea sitiadora se estableció con un frente que iba
desde Punta Carretas hasta el Arroyo Miguelete, pasando por Tres Cruces y
Arroyo Seco
Como toda ciudad
sitiada, los problemas de abastecimiento no tardaron en aparecer. La
tradicional conexión campaña-ciudad puerto había sido quebrada por las líneas
sitiadoras. A Montevideo solo le quedaba su salida por mar.
Elío, luego del intento
fallido por establecer conversaciones con Buenos aires, pidió ayuda al jefe de la estación naval
británica en el Río de la Plata, pero no obtuvo respuestas. Entonces se dirigió
al Capitán General de Río Grande Diego De Souza, pidiendo el apoyo de sus
fuerzas. Autorizado por la corte de Río, el ejército pacificador invadió el
territorio el 18 de julio. El primer objetivo era Santa Teresa a donde llegaron
el 5 de septiembre, antes de esto tomaron
Melo el día 23 de agosto. El 7 ocuparon Rocha; el 10 de octubre llegaron
a San Carlos y luego se instalaron en Maldonado. Ya desde Santa Teresa se
habían mandado fuerzas hacia el centro y el litoral para preparar al ataque
contra el ejército sitiador de Montevideo.
La presencia de Diego
de Souza en la frontera con Portugal, se advertía desde febrero de 1811. Ya
para estas fechas Carlota Joaquina había enviado un ofrecimiento de auxilio a
Elío, quien acertadamente desconfiado, lo había rechazado.
Pero no fue esta su
única medida. Como forma de presionar a la Junta Porteña, el 15 de julio de
1811 una escuadra montevideana, bombardeó Bs. As. Bloqueando su puerto y el
acceso al Paraná y al Uruguay.
En julio de 1811 la
situación para los revolucionarios se tornaba comprometida. Por un lado,
sucesivas derrotar en el Alto Perú dejaron abierto el camino al Tucumán para la
contraofensiva del ejército español. A su vez, los ejércitos de la Banda
Oriental se veían amenazados por la invasión
portuguesa que avanzaba hacia el sitio de Montevideo y pretendía
“cortar” todo tipo de comunicación a través del Río Uruguay. A todo esto se le
sumaba las pérdidas monetarias por conceptos aduaneros y de tráfico comercial
que implicaba el bloqueo montevideano al puerto de Buenos Aires.
Fue en este marco que,
dadas las circunstancias, la Junta decidió comenzar tratativas de un “cese al
fuego” con las autoridades montevideanas.
Las noticias de que
estas conversaciones entre BsAs y Mdeo con miras a un tratado de paz, fueron
planteadas por diputados porteños al ejército sitiador, en setiembre.
Con la llegada de la
comisión al frente sitiador, y luego de su trascendencia pública, los autores
Melogno, Reyes Abadie y Bruschera afirman que se produjo un malestar contra la
Junta tanto de las fuerzas artiguistas como dentro del ejército porteño por su
oficiales superiores (ante las anteriores gestiones de pacificación).
Carlos Anaya fue
testigo presencial de los hechos, y en “Memoria”, relata que luego de la
comunicación del malestar a los representantes, se decidió el llamado a una
Junta de vecindarios en el Cuartel General, en la Panadería de Vidal (la cual,
según estudios del Dr. Luis Bonavita en “Aquí dictó Artigas las instrucciones”
Suplemento de “ estaría ubicada entre las actuales calles de Lorenzo Fernández,
Pedernal, Joaquín Requena y Yaguarí). La convocatoria fue hecha por Rondeau, y
se llevó a cabo el 10 o el 11 de septiembre, por parte de los vecinos más
respetables del país (cerca de 100).
Para muchos
historiadores esta primera asamblea reviste un carácter sustancial en el
proceso revolucionario, ya que la misma implicó “la génesis de la orientalidad”
donde “el vecindario en armas,
exteriorizó su voluntad colectiva, señaló su conducta y reclamó sus derechos
(“El Ciclo Artiguista”, pag. 187). En este sentido, los orientales dejaron de
ser una entidad militar, para comenzar a tomar decisiones políticas, haciendo
uso por primera vez de su soberanía como pueblo.
Sin embargo, sus voces
no serían oídas por la Junta porteña que para entonces se estaba desintegrando,
ante la conformación de un Triunvirato que cumpliría de ahora en más el papel
de centro rector de la revolución.
Cabe
destacar que el surgimiento de esta autoridad de tres miembros (triunvirato)
como gobierno revolucionario, refleja la progresiva centralización del poder
político que Buenos Aires viene asumiendo como directriz de la revolución. La
desaparición de la Junta Grande, un gobierno compuesto por delegados del resto
de las provincias, y su sustitución por un gobierno tripartito porteño,
muestran el interés por focalizar el conjunto de las decisiones políticas desde
la antigua capital virreinal.
Resulta por demás
evidente que bajo tal efecto centralizador, la tímida audacia de la autonomía
oriental en la Asamblea de Setiembre, no encontrase su lugar junto al
triunvirato. De hecho, fue precisamente este último quien culminó las
negociaciones de paz con Elio y dio ámbito a la firma del Armisticio
definitivo, el 20 de octubre de 1811. La negociación se dio bajo la diplomacia
británica con la conducción de Lord Strangford. Inglaterra, cautelosa y hábil,
lograba no comprometer el apoyo español
en la lucha contra Napoleón, mientras que, al mismo tiempo, se aseguraba el
libre comercio a los súbditos británicos.
Entre las disposiciones
del Armisticio, se destacan las siguientes:
· El gobierno porteño reconocía a
Fernando y sus sucesores, y a las autoridades del Consejo de Regencia
· Montevideo reconocía al gobierno bonaerense
· Elío se comprometía a levantar el
bloqueo de Bs. As. y ríos interiores y gestionar el retiro de las tropas
portuguesas.
· Bs. As. se comprometía a levantar el
sitio de Mdeo. desocupando la Banda Oriental. Ésta y los pueblos de Arroyo de
la China, Gualeguay y Gualeguaychu (Entre Ríos) quedarían sujetos al gobierno
de Montevideo.
· En caso de invasión de potencia
extranjera, se comprometían a ayudarse recíprocamente.
· Ambos se comprometían al cese de las
hostilidades y la amnistía general: devolución de prisioneros, bienes y
esclavos, restablecimiento de comunicaciones y comercio, derecho a todo buque a
entrar y salir de ambos puertos.
Antes de la firma del
tratado definitivo, un delegado porteño llega al Sitio de Montevideo con el
borrador de las negociaciones (tratado preliminar). Conocida su presencia los
orientales solicitan, por intermedio de
Artigas y Barreiro, la formación de una nueva Asamblea la que es convocada por
Rondeau, en acuerdo con el delegado porteño, para el día 10 de octubre, en la
Quinta de la Paraguaya. Los orientales
manifiestan que su voluntad general es que no se llegue a la conclusión
de los tratados sin su consentimiento; hecho que será desoído nuevamente por
las autoridades porteñas. Por esto, finalmente los orientales deciden levantar
bajo protesta el sitio, solo con el objeto de tomar una posición militar más
ventajosa para esperar a los portugueses, y nombran a Artigas como el General
en Jefe para proseguir la guerra (investidura que cobra contenido sociológico);
rechazan rotundamente el armisticio de octubre, y afirman la continuación de la
guerra.
Cuando el Armisticio es ratificado el 23 de octubre,
el ejército oriental, en plena desmovilización,
se encontraba en San José en el Paso de la Arena. Aquí se produce una
gran conmoción por la noticia organizándose una Asamblea espontánea. Adquiere
significación la declaratoria de General en Jefe cuando el pueblo repudió al
armisticio, resolvió continuar la guerra por sí y decidió abandonar el suelo
patrio. Para muchos historiadores, surgió así a la vida política una entidad
social en los primeros actos de ejercicio de su soberanía, autoconciente de su
destino, como diría Bauzá “el pueblo reunido armado”.
Artigas
fue designado por el triunvirato teniente gobernador del departamento de Yapeyú
(Misiones), hecho que dirigió a este último a trasladarse con sus fuerzas hacia
el norte. Esta marcha se convirtió en un movimiento de emigración de todo el pueblo, que los paisanos llamaron
la “redota” (derrota), y que Clemente Fregeiro denominaría “el Exodo del pueblo
oriental”. El mismo Artigas lo trató de evitar, argumentando
que el pueblo enlentecía su obrar y retardaba su marcha, no los abría admitido
sino fuera porque ellos vinieron hacia él. Marcharon hacia la desembocadura del
Ayuí, cruzando el río Uruguay el 10 de
diciembre a la altura del Salto Chico, donde permanecieron hasta fines de
septiembre de 1812.
3. El camino de la
escisión del Artiguismo hacia el interior de la revolución. (1812-1813)
La
gravitación creciente de los intereses porteños en la conducción de la
revolución cambiaría la relación entre estos y Artigas. Buenos Aires, a pesar
de promover una postura liberal y revolucionaria, no abandonaba el concepto de
centralismo omnipotente que permitían perpetuar su papel hegemónico en la
región. Por consiguiente veía en toda expresión de autonomismo un ataque contra
la integridad nacional y su proyecto. Esto era precisamente lo que precozmente
había esbozado Artigas y su ejército en las Asambleas Orientales. En el
ejercicio de su soberanía, aunque todavía obedientes a las órdenes jerárquicas
militares porteñas, los orientales, tal vez sin proponérselo, habían cuestionado los principios centralistas del
gobierno bonaerense.
Sin embargo, este peligro
de autonomismo incipiente, fue dejado en un segundo plano por Buenos Aires
mientras duró la amenaza portuguesa. Las fuerzas orientales significaban un
muro de contención vital para la seguridad de los territorios al oeste del
Uruguay, frente al invasor portugués.
Pero al retirarse estos últimos con la
firma del tratado de Rademarker- Herrera (principios de 1812), la
importancia de Artigas y su ejército se vio ampliamente disminuida.
Bs. As. quedaba ahora
con las manos libres para volver a retomar las operaciones en la Banda
Oriental, más aún cuando Montevideo había violado el armisticio y reanudado las
hostilidades. Quedaría por resolver cuál sería el papel del ejército artiguista
en la continuación de la guerra.
Bs. As. tenía el
conocimiento de las relaciones de Artigas con el Paraguay y la adopción de
planes operativos que excedía los cometidos militares. Una vez en el Ayuí,
Artigas inició una relación epistolar con el gobierno paraguayo en la que ya
denunciaba a este último el perfil centralista porteño así como también
manifestaba el interés de unión con el pueblo paraguayo (pre-federal). Esto coincidía con la tendencia del
triunvirato hacia la preeminencia de Bs. As. como eje de todo su esquema
institucional y político, que veían en toda expresión de autonomismo un ataque
a la integridad nacional.
Las autoridades
bonaerenses no miraban con buenos ojos las actitudes autonomistas de Artigas,
en quien no reconocen más que un Jefe Militar, subordinado al poder político
central.
El nombramiento de Sarratea
como General en Jefe del Ejercito del Norte, pondrán a prueba la paciencia de Artigas, quien será relegado
jerárquicamente a un segundo plano.
Las concepciones
políticas del artiguismo todavía no estaban maduras, pero en la praxis en el
antagonismo con Sarratea se irían precisando desde junio de 1812, cuando llega
el Jefe porteño al Ayuí.
Las “ideas y vueltas”
de este conflicto están llenas de intrigas y maniobras, que se extienden desde
el ámbito personal (Sarratea vs Artigas) hasta el ideológico proyectivo
(Federalismo vs Centralismo).
Cierto es que desde los
primeros roces entre ambas figuras, la relación entre éstos y entre Artigas y
el triunvirato, sufrirá un proceso de significativa escisión.
Como afirman los
autores del “El Ciclo artigusita”, el enfrentamiento con Sarratea cobrará así,
para el historiador, el alcance de un diagnóstico. Será en el transcurso del
mismo donde aparecerán las formulaciones de una propuesta alternativa y de una
manera diferente de concebir la revolución.
¿Cuáles serán esos
“puntos de roce” que conducirán al nacimiento del artiguismo?
Para comenzar, el
primer punto de debate entre Artiga y Sarratea fue en relación a la
organización de los ejércitos con miras de emprender la marcha para sitiar por
segunda vez a Montevideo. Sarratea propuso la división del ejército oriental,
como forma de debilitarlos y facilitar el acatamiento a las órdenes porteñas.
Para muchos orientales estos significaba
el desconocimiento de todos los méritos alcanzados desde mayo de 1811 hasta el
exilio. Ante la negativa de los jefes
orientales, Sarratea decide impartir las ordenes por intermedio de Artigas, sin
embargo este responde afirmando que las ordenes dadas por Sarratea a una parte
de su ejército eran inconciliables con
los compromisos adquiridos por él. Para
los autores del “Ciclo artiguista”, la replica de Artigas del día 6 da la
primera explicación del fundamento jurídico de la orientalidad. “Ellos se
creyeron un pueblo libre con la soberanía consiguiente (...) hombres abandonados
por si solos se forman y se reúnen por
sí (...) trasmito a las divisiones que
forman la deliberaciones de V.E., pero hasta aquí llega el termino de mi
obediencia, pero yo no soy establecido su tirano para reclamar ni exigir la
suya.” Esta aquí en juego algo más que una estrategia militar sobre cómo
organizarlas fuerzas; está en juego una concepción política: el respeto a la
soberanía del pueblo oriental, que por uso de la misma se ha constituido como
tal. Todo aquel que intente atentar
contra la misma, no es más que un gobierno tirano.
Dado el fracaso de su
plan divisorio, Sarratea despliega otra estrategia: desde su campamento trata de atraer a los
jefes orientales, en busca de desmoralizar el ejercito, con oro, charreteras y
galones, minando el prestigio y la autoridad de Artigas. Con la rivalidad con
Sarratea, la raíz popular y campesina del artiguismo fue puesta en dura prueba,
los hombres más poderosos lo abandonaron mientras en su entorno se agruparon
los sectores mas desheredados del pueblo.
Simultáneamente, las
acciones de Sarratea provocan irritación dentro del conjunto de los jefes
orientales. Comienza a destacarse el carácter auxiliador del ejército porteño,
cobrando, a su vez, importancia el grado de autonomía que los orientales habían
alcanzado como pueblo. Pero la impronta de Sarratea, sube de grado y el
conflicto se irá agudizando cada vez más con agravios e insultos. Artigas
podnrá de manifiesto su postura irrevocable ante el problema;
- destitución de Sarratea
- reconocimiento al carácter auxiliador
del ejército porteño
- el desmentido de los agravios
realizados por Sarratea a la persona de Artigas.
- Respeto a la unidad del ejército
oriental.
- La dura crítica al gobierno porteño
para con los orientales. “Si el gobierno nos declara enemigos no se extrañe por
nuestra parte una conducta idéntica, el pueblo de Bs. As. es y será siempre
nuestro hermano pero nunca su gobierno actual”.
Cuadro de texto: “En la
experiencia definitoria del año XII surge el artiguismo como expresión política
(de raíz popular y vocación federal)”.
Reyes Abadie, W., Melogno, T y Bruschera, O. “El ciclo artiguista”. Las
derrotas sufridas en el Alto Perú obligaron a Buenos Aires flexibilizar su
postura ante las exigencias artiguistas y dirimir el conflicto. El ejército
oriental era necesario para vencer a Montevideo, y Sarratea no valía la pena
como para amenazar la incorporación de los orientales al segundo sitio.
Para comienzos de 1813,
las relaciones entre Sarratea y Artigas eran irreconciliables. Fue así como
este último envió Tomás García de Zúñiga, una Misión a BsAs, para plantear lka cuestión ante las
autoridades. Además de las ya expresadas exigencias, el art. 8 de la Misión
establecía que “la soberanía particular de los pueblos será declarada y
ostentada como objeto único de la revolución”, sellando así el comienzo de un
proyecto revolucionario alternativo, que difícilmente fuera conjugable con el
centralismo porteño.
En cuanto a Sarratea,
finalmente fue destituido, y los orientales se incorporaron al Segundo Sitio.
4. La definición del artiguismo
Ya con la Misión García
de Zúñiga, el artiguismo nacía como alternativa, pero ¿alternativa a qué?.
La postura centralista
porteña era ya evidente. Ahora bie, debemos entender por “centralismo” una
concepción determinada de la soberanía, y por ende, un proyecto político afin.
El 24 de octubre de
1812, Buenos Aires convoca a la formación de un Congreso Nacional para dar
forma constitucional al Estado revolucionario. A este congreso se le llamó
Asamblea General Constituyente y sería instalado a mediados de 1813 y estaría
compuesta por representantes de todas las provincias que integraban el ex
virreinato del Río de la Plata.
El centralismo porteño
también se definía con claridad. Como expresa Ana Frega, desde el inicio de la
revolución, Buenos Aires había interpretado el principio de retroversión de la
soberanía en su favor. Como ex capital virreinal, situación sumamente ventajosa
en comparación al resto del Virreinato, “que el poder retroviertiese el
pueblo”, significaba que retrovertía “al pueblo de Buenos Aires”, entendiendo
al ¡pueblo de buenos Aires” como la elite dirigente porteña.
Pero para el artiguismo
“pueblos” no significaba que la soberanía quedaba concentrada en la elite
porteña. Por el contrario, “pueblos” eran
ciudades, villas, lugares y pueblos de indios, con o sin cabildo... a
todos ellos se retrovertía la soberanía. En este sentido el artiguismo recogía
los reclamos autonomistas. Se excluía la pretensión hegemónica de la capital. Y
esto fue precisamente lo que quedó manifiesto en el art. 8 de la Misión García
de Zúñiga.
Es en este marco que
llegó la noticia al campamento sitiador de la convocatoria a la Asamblea
General Constituyente. Buenos Aires ordenaba se reconociera a la Asamblea como
órgano legislativo y se eligieran tres representantes por el sur de la Banda
Oriental para integrar la misma
Para tomar la decisión
de reconocer o no a dicha Asamblea, Artigas decidió convocar a un Congreso. El
mismo abrió sus sesiones el 5 de abril en la Quinta de Cavia, actual Tres
cruces. De ahí su denominación como Congreso de Abril o de Tres Cruces. En él
los orientales se reunieron para debatir si
reconocerían o no a la Asamblea General Constituyente en caso de reconocerla,
si lo haría por pacto o por obediencia formar un gobierno económico para
atender los males de la campaña. Estos puestos fueron expuestos por Artigas en
su Oración Inaugural, con la cual se dio apertura al Congreso. En la misma
Artigas no solo explicó las causas que habían provocado tal reunión, sino
también que apeló a la memoria de los orientales, haciendo alusión a todos los
esfuerzos realizados por la revolución, y la actitud que ante los mismos había
tenido el gobierno porteño. De ahí la necesidad en el ideario artiguista, de
garantías ante preconstitucionales ante la arbitrariedad y tiranía de Buenos
Aires.
Finalmente, el Congreso
decidió reconocer a la Asamblea General Constituyente por pacto, con las
siguiente “bases del reconocimiento” establecida en el Acta de Ocho Puntos. En
la misma son los tres últimos artículos (6, 7 y 8) los que valen nuestra
atención. En los dos primeros, se establece la necesidad de conformar alianzas
ofensivas-defensivas de ayuda recíproca, a través de pactos que actúen como
garantía a la supervivencia de las provincias autónomas. Para formar parte de
la misma, en el art. 7 se crea la Provincia Oriental “como el conjunto de
pueblos libres de la Banda oriental”. Como tal, se establece en el articulado
último el número de diputados que como Provincia serán enviados a la Asamblea
General Constituyente reunida en Buenos Aires.
Estos diputados tendrían que llevar consigo
las Instrucciones en las cuales se expresarían los intereses y la voluntad de
cada pueblo representado. Pocas son las
versiones que se conocen, dentro de las cuales se destaca la “versión clásica”,
que correspondería al pueblo de Montevideo (extramuros), fechada el 13 de
abril, y firmada por José Artigas.
Aquí cabe destacar que
la presencia de instrucciones indica que los diputados orientales no retienen
soberanía al pueblo, sino que son simples apoderados de negociar una
constitución siempre respetando dichas bases o mandatos. Este carácter imprime
un sello autonomista y soberano a la forma de concebir la representación ante
la Asamblea General Constituyente, muy distinto al que concebía Buenos Aires.
Para esta última, los
diputados una vez incorporados a la Asamblea, dejaban de representar el interés
de su pueblo para convertirse en diputados nacionales que bregaban por el
interés general de la “nación”. Como expresa Ana Frega, Buenos Aires propuso
que el interés particular (provincia-región) quedara supeditado al todo
(interés general), que se encontraba en
el Gobierno, ya que mientras la revolución no triunfase, las aspiraciones
particulares quedarían postergadas en aras de la unificación.
La soberanía particular
de los pueblos, tal como la recogía el artiguismo, era vista por B.sAs. como
sinónimo de anarquía, disolución y contrarrevolución.
Pero, el derecho de lo
pueblos (entendiendo “pueblo” = habitante de provincia o ciudad), era algo que
estaba muy arraigado y por lo tanto no podía ser ignorado. De ahí que Ana Frega
entienda que la postura artiguista frente a la distribución particular de
soberanía a cada pueblo, se hallaba ligada al peso de la tradición y las formas
autónomas que el pasado colonial había impreso en la vida política de estos
hombres.
En este marco resultó
más que evidente el “rechazo a los diputados orientales” para integrar la
Asamblea. Si bien se aducía que tal rechazo hallaba su razón de ser en
cuestiones formales, lo cierto era que la incorporación de los mismos a la
Asamblea, iba en contra de los principios centralistas digitados por Buenos
Aires. En este sentido, la elite dirigente porteña entendió que su proyecto de
construcción estadual era antagónico al artiguismo, y fue así como de esta
manera Artigas pasó a significar un
peligro para el “orden”; un recolector de las aspiraciones de los otros pueblos
, aquellos excluidos por “el pueblo porteño”.
Planteado el vicio de
forma, el gobierno porteño recomendó a Rondeau llamar a un nuevo Congreso para
elegir nuevos diputados, ahora a realizarse en la Capilla de Maciel. Pero lo
acontecido en Maciel no fue más que la manifestación de un fenómeno que se
venía gestando desde hacía meses. Para muchos seguidores del artiguismo, los
intereses autonomistas comenzaron a quedar relegados a un segundo plano. ¿Por
qué? Porque el tema central comenzó a trasladarse al control del poder a nivel
provincial. En tal sentido, muchos de los participantes del Congreso de Abril e
integrantes del Gobierno, la mayoría “hacendados propietarios”, habían
sostenido a la revolución porque ésta les abría la oportunidad de imponerse a
los grandes comerciantes –hacendados españoles que controlaban la
administración colonial. Pero, la prolongación de la guerra suponía un peligro:
el surgimiento de caudillos y sus milicias rurales, capaces de disputarles el
poder político en la campaña. Esto
significaba que mantener la posturas del Congreso de Abril significaba pagar un
precio demasiado caro: demasiado poder a Artigas y la perpetuación de un estado
e “anarquía” y “desorden”. Para evitarlo era necesario transar con Buenos
Aires.
Y esto fue precisamente
lo que sucedió en el Congreso de Capilla de Maciel, en el cual las resoluciones
del Congreso de Abril fueron desatendidas, y electos nuevos diputados, de
tendencia aporteñada, siendo incluso uno de ellos porteño. Aún pese a las
invitaciones que se le hizo a Artigas a integrarse al Congreso y así poder para
argumentar su postura sobre la clausura del mismo, éste se rehusó a asistir,
declarando al mismo ilegítimo. Sin embargo, Maciel, operó como un estimulador
ya que dadas las circunstancias Aritgas y sus hombres decidieron marcharse y
abonar secretamente el sitio para dirigirse hacia el Ayuí, de donde iniciaría su
campaña para la formación de una “liga interprovincial”. En la madrugada de
enero de 1814 los artiguistas emprendieron la “Marcha Secreta”.
Para entonces era
evidente que dentro de la Revolución del Río de la Plata había nacido un nuevo
partido: el artiguismo, como una alternativa al centralismo porteño, que
comenzaría a expandir su proyecto generando importantes adhesiones.
1. La fórmula de integración y el Sistema
de los Pueblos libres
El artiguismo se
expandió en los primeros meses de 1814 por el Litoral. Como en este caso, en
general, la apelación a las ideas federales ponía de manifiesto la aparición de
nuevos centros de poder político y la presión de los grupos sociales que
aspiraban a consolidar su hegemonía dentro de cada espacio de poder (provincia)
En forma simplificada,
resume Frega, el apoyo que las Provincias otorgaron a Artigas, fue más por
“oposición” a la hegemonía de BsAs que por el interés de apoyar ideológicamente
el proyecto federal artiguista. La “autonomía” era más bien la defensa de las
provincias contra futuras intrusiones en el satu quo económico.
Del mismo modo,
siguiendo sus intereses, era lógico que sus alianzas o respaldos virasen o
pendulasen continuamente. El apoyo a un posible gobierno central estaba
condicionado pues por la capacidad de éste para satisfacer las diversas
necesidades locales. Así, los diferentes
grupos sociales, oscilaban entre:
- adherir al artiguismo, ya que éste
les aseguraba libertad de acción frente la hegemonía porteña
- adherir al BsAs, cuando el apoyo al
artiguismo les resultaba demasiado costos.
jueves, 14 de junio de 2018
miércoles, 13 de junio de 2018
LA REVOLUCIÓN HISPANOAMERICANA
Se conoce bajo el nombre de Revolución Hispanoamericana al conjunto de movimientos ocurridos en las colonias españolas en América, que tuvo como resultado la independencia política de dichos territorios. Esos movimientos comienzan entre 1808y 1810, pero sus antecedentes se encuentran en las últimas décadas del siglo XVIII, cuando en las colonias se produce un agitamiento intelectual y se desarrollaran rebeliones locales que ya anuncian el clima de descontento que va a ser uno de los factores de la revolución. En un primer momento esos movimientos no tuvieron carácter separatista, sino que expresaban el deseo de los criollos de intervenir en el gobierno, pero con el paso de los años se transformaron en una verdadera guerra de independencia. El periodo de la revolución culmina en 1825 con el retiro de los últimos ejércitos españoles que aún se encontraban en América, y a partir de ese momento quedan constituido los estados hispanoamericanos independientes (algunos antes, otros después del año 1825, pero se toma este año simbólicamente).
Los historiadores ubican a la Revolución Hispanoamericana como parte del ciclo de revoluciones liberales o burguesas que se producen a fines del siglo XVIII y comienzos del XIX (Rev. de las colonias inglesas en América del Norte, Revolución Francesa) y que habían sido precedidas por la Revolución Gloriosa en Inglaterra (1688) y cuyo resultado fue la puesta en práctica de las nuevas ideas impulsadas por la burguesía.
1. ANTECEDENTES
Varios acontecimientos ocurridos en las colonias en el transcurso del siglo XVIII, anunciaban la inminencia de profundos cambios.
LA AGITACIÓN INTELECTUAL
A pesar de la censura impuesta por España a la difusión de las Nuevas Ideas, estas van a llegar a América. Generalmente llegaban a través de la interpretación que se les daba en España donde los Borbones aplicaron el despotismo ilustrado, pero también se colaban obras de autores franceses e ingleses. Además van a llegar las nuevas costumbres de los burgueses e intelectuales, como formar sociedades para debatir diversos temas y difundir noticias y opiniones a través de publicaciones periódicas.
Como sucedía en el siglo XVIII europeo, en las colonias se formaron asociaciones para discutir temas específicos. Fue así que se instaló en Lima en el año 1787 la Asociación Filarmónica. Unos años antes en la Universidad de Lima se había manifestado el derecho de los criollos, es decir los españoles nacidos en América, de tomar parte de los debates políticos y científicos. En La Habana se organizó la Sociedad Económica y la Sociedad Patriótica, en Buenos Aires la Sociedad Patriótica y Literaria, en México la Arcadia Mexicana y de esa manera se iba extendiendo la costumbre de reunirse a debatir. Al igual que sucedía en Europa con los “salones” y los cafés, estas reuniones servían para difundir las nuevas ideas.
Hacia fines del siglo XVIII se incrementa la edición y difusión de periódicos lo que muestra el interés existente acerca de la actualidad, de los sucesos del momento, de las transformaciones y de todo lo nuevo. La lectura dejó de ser un lujo para privilegiados llegando a más personas, aunque estaba lejos de ser masiva. Los sectores con más poder económico eran también los más cultos, muchos de sus miembros habían hecho estudios universitarios, especialmente en abogacía, y tenían gran avidez por leer las obras más modernas que se publicaban en Europa. Voltaire, Montesquieu y Rousseau eran leídos y discutidos en las Universidades y en las reuniones de las sociedades. De estos sectores van a surgir algunas figuras que son consideradas como precursores de la independencia, como Francisco Miranda, Antonio Nariño o Mariano Moreno.
LAS REBELIONES POPULARES
Durante el siglo XVIII se producen varias rebeliones por motivos locales, sin vinculación orgánica entre ellas y que fueron sometidas por la fuerza. Fueron movimientos espontáneos, sin planificación, provocados por la rebeldía ante abusos de autoridades residentes en América (no buscaban la independencia ni se dirigían contra la monarquía).
Los comuneros de Asunción. En 1717 fue designado gobernador de Paraguay Diego de los Reyes, vinculado a los jesuitas, con quienes los comerciantes de Asunción tenían enfrentamientos por la competencia que hacían las Misiones Jesuíticas. Los vecinos de Asunción realizaron una serie de acusaciones contra Reyes y se procedió por parte de la Real Audiencia de Charcas, de quien dependía Asunción, a designar para investigar a José Antequera. Este separó a Reyes de su cargo pero el Virrey del Perú lo repuso. Antequera declaró ante el Cabildo de Asunción que el pueblo (el común) puede resistir algunos de los mandatos de la autoridad cuando van contra los intereses de la mayoría. La situación llevó a una rebelión que fue sofocada por el Virrey de Perú y Antequera fue encarcelado.
Los comuneros correntinos. En 1762 milicias correntinas habían sido destinadas por el gobernador de Buenos Aires para abrir un camino entre Corrientes y Tucumán realizando tareas tan duras que muchos desertaron. El gobernador dispuso que Corrientes enviara otros doscientos hombres en remplazo de los desertores. Pero en Corrientes se convocó a un Cabildo Abierto y este se negó a obedecer la orden en nombre del común. Con esto último se quería expresar que el conjunto de voluntades individuales forman una voluntad común que es soberana y que esta por encima de cualquier autoridad. Esta posición provenía del antiguo derecho español y había sido dejada en desuso por el absolutismo. Como el gobernador designó a un representante suyo para que impusiera sus ordenes, la casa de este último fue asaltada por los comuneros. La rebelión fue derrotada por las autoridades, pero, independientemente del resultado del alzamiento importa la teoría sustentada por los rebeldes de que si las decisiones de las autoridades se oponían a los intereses de la población, esta no tenía porque obedecer.
Los comuneros de Nueva Granada. Un acontecimiento similar ocurrió en el Virreinato de Nueva Granada en 1780. Estando ausente el Virrey Manuel Flores, el encargado del gobierno, Gutiérrez de Piñeres aumentó los impuestos provocando la reacción popular. El común de varios pueblos se opuso a la medida y expresó que el movimiento estaba dirigido sólo contra el aumento de impuestos y no contra la autoridad del rey. Luego de varios encuentros armados en los que triunfaron los comuneros, se llegó a un acuerdo en el que se suprimían algunos impuestos y se permitía a los criollos intervenir en ciertas funciones del gobierno. Pero restablecido el orden, el Virrey desconoció el acuerdo y reprimió a los rebeldes ejecutando a sus líderes.
La rebelión indígena de Tupac Amarú. Tiene características distintas a las otras rebeliones porque se trató de un movimiento de indígenas y sus causas fueron el mal trato que recibían en los trabajos que realizaban en las zonas agrícolas y mineras de Perú. La rebelión comenzó con el levantamiento de los hermanos Catari que después de realizar varias gestiones pacíficas para mejorar la situación de los indios y no hallar respuesta, se alzó en armas contra las autoridades españolas de la provincia de Chayanta. Pero la rebelión alcanzó grandes proporciones cuando al frente de ella se puso el cacique José Gabriel Condorcanqui quien se consideraba descendiente de los jefes incas y que fue designado jefe con el nombre de Tupac Amaru. El movimiento se inició con la ejecución del corregidor Antonio de Arriaga y la proclamación de los objetivos de la rebelión: supresión del trabajo forzado y abolición de los corregidores. Unos cien mil indígenas se sumaron al movimiento y estuvieron a punto de tomar la ciudad de Cuzco. Pero la inferioridad de armamento y la falta de disciplina de los indios les llevó a la derrota. Tupac Amarú y los jefes de la rebelión fueron ejecutados cruelmente en mayo de 1781.
2. FACTORES
Podemos dividir los factores de la revolución de las colonias españolas en dos: los factores internos, que se producen dentro de las colonias y los externos, que son los acontecimientos producidos fuera y que van a estimular el movimiento.
FACTORES INTERNOS
La situación de descontento de los criollos por la discriminación que sobre ellos se hacía por parte de los españoles europeos fue uno de los factores. Los criollos se sentían con capacidad y derecho para desempeñar los más altos cargos públicos que les eran negados por no haber nacido en España. Les irritaba que, siendo ellos los que más conocían los problemas de las colonias por vivirlos diariamente, viniera una persona de España para gobernarlos.
El descontento se notaba con más fuerza entre los sectores altos de la sociedad criolla, los comerciantes y propietarios de tierras, porque a pesar de sus riquezas, sentían la discriminación social de los venidos de España. Además el sistema económico de monopolio impuesto por España los perjudicaba. Existía la obligación de vender los productos de las colonias exclusivamente a España, pero esta, con su comercio y producción estancados, no era un buen comprador. Los productores y comerciantes criollos querían vender y comprar a cualquier país, porque había posibilidades de lograr más ventas y a más alto precio (en el caso de quienes vendían) o de importar mercadería manufacturada a menor precio de la que podía obtenerse en España (en el caso de los que compraban). La prohibición impuesta por la corona española de comerciar con el extranjero, era sentida como un injusto obstáculo a las posibilidades de enriquecerse.
El levantamiento de algunas de las restricciones comerciales y cierta liberalización del comercio a partir de la 1778, no apaciguaron el descontento; por el contrario, las pocas oportunidades que tenían de comerciar con el extranjero, demostraban a los productores criollos, las ventajas del libre comercio y las perdidas que tenían por culpa del sistema colonial español.
A todo esto hay que agregar la agitación intelectual ya mencionada producto de la influencia de las Nuevas Ideas. Estas condenaban los sistemas monopólicos y proclamaban la igualdad ante la ley, por lo tanto fácilmente eran aceptadas por los criollos ya que correspondían con los reclamos que ellos hacían.
FACTORES EXTERNOS
Influencia de la revolución norteamericana. Era un ejemplo de lo que podían hacer los criollos descontentos. Más allá de las diferencias que había entre las colonias inglesas y las españolas, había situaciones parecidas: población descontenta, medidas tomadas desde la corona que perjudicaban la economía de los colonos, abusos de poder. Las consecuencias también podían ser parecidas: la separación de la metrópoli. Los colonos norteamericanos habían demostrado que podían derrotar a los ejércitos de un país europeo y organizar un país independiente.
Influencia de la revolución francesa. Al igual que lo sucedido con la norteamericana las noticias de la revolución francesa se difundieron en Hispanoamérica y tuvieron buen recibimiento entre aquellos sectores más proclives a las ideas de la ilustración. El eco de los sucesos de Francia llegó más a la zona que estaba cercana a las islas que aquel país tenía en las Antillas: México, América Central y Venezuela; pero también en el Río de la Plata se difundieron ejemplares de la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano y se entonaban estrofas de La Marsellesa. En México, Chile y Perú se encontraron libros relatando los acontecimientos de Francia y ejemplares de la Constitución de Francia. En Venezuela hubo una sublevación de esclavos al enterase de la proclamación de igualdad hecha en Francia. En casi todas las ciudades importantes se distribuyeron folletos sobre la revolución y su obra. El periodo de “el terror”, la ejecución de Luis XVI y las medidas radicales tomadas en la etapa de la Convención crearon alarma entre los sectores más moderados, que querían cambios pero no tantos.
Influencia inglesa. De la misma manera que los colonos tenían interés de comerciar con otros países que no fuera España, a los comerciantes ingleses les seducía la idea de poder vender a los colonos hispanos. Pero esto era imposible de mantenerse el sistema económico impuesto por los reyes de España. La independencia de las colonias podía volcar a estas al comercio con Inglaterra. Pero oficialmente las autoridades de Inglaterra no podían apoyar un movimiento separatista en las colonias españolas después de producida la revolución francesa, y sobretodo con el advenimiento de Napoleón, porque necesitaban a España como aliada para vencer a Francia. Los apoyos que se dieron a la revolución fueron de particulares, no del gobierno, y en cuanto a los intentos de invasión, como el registrado en el Río de la Plata entre 1806 y 1807, fue por iniciativa de funcionarios sin el visto bueno del gobierno. Importante fue también la actuación de la diplomacia inglesa que en muchas ocasiones actuó como mediadora entre los rebeldes y la corona.
Los sucesos de España. Los acontecimientos vividos en España a partir de 1808 fueron los desencadenantes de la revolución. En ese año, los reyes de España son destronados y sustituidos por un monarca extranjero. Esta situación repercutió en las colonias y a partir de allí comienzan los movimientos que más tarde se transforman en revolución independentista.
Los sucesos de 1808 fueron una consecuencia de las guerras que se desarrollaron en Europa después de la revolución francesa. Esta revolución, iniciada en 1789, provocó grandes cambios en el gobierno y la sociedad, eliminando la monarquía absoluta y terminando con los privilegios de los nobles. Pero el desorden y el estado de guerra permanente llevaron a la creación de un nuevo poder fuerte a cargo de Napoleón Bonaparte que se hizo coronar emperador de los franceses en 1804. Napoleón llevó a cabo exitosas campañas militares que le permitieron dominar casi toda Europa. Su enemigo principal era Inglaterra contra el cual declaró el bloqueo económico (ningún país europeo podía comprarle o venderle a los ingleses). Como Portugal, tradicional aliada de Inglaterra, no aceptó cumplir con el bloqueo, Napoleón lo invadió. Para hacerlo pasó por territorio español y utilizó la ocasión para intervenir también en España. En este país la situación interna era difícil. Había un gran descontento contra el rey Carlos IV por los desaciertos de su ministro y favorito Godoy. Muchos españoles querían que el gobierno fuera asumido por el hijo del rey, Fernando. Cuando los ejércitos franceses ingresan en España y permanecen en ella con el permiso de Godoy (a quien se acusaba de ser partidario de Francia), Fernando encabeza una revuelta y se proclama rey como Fernando VII
Napoleón convocó a toda la familia real, incluyendo al rey Carlos y su hijo Fernando, a la ciudad fronteriza de Bayona. Allí Fernando es forzado a devolver la corona a su padre y éste la entrega a Napoleón. Este la entregó a su hermano José que se transformó así, de un día para otro en rey de España. España tenía a partir de ese momento un monarca extranjero y estaba ocupada por el ejército francés. El pueblo español no aceptó la situación y rechazó al nuevo monarca (a quien ridiculizaban llamandolo “Pepe Botella”) . Se produjeron alzamientos a favor de Fernando a quien se empezó a llamar “el deseado” pero como este se mantenía en Bayona, en las regiones de España se formaron juntas que gobernaban en su nombre. Estas juntas justificaban su existencia en la teoría de que al no estar el rey ni ningún familiar que pudiera sustituirlo, el poder automáticamente volvía al pueblo que se daría las formas de gobierno convenientes hasta el regreso del monarca.
Como la situación no se solucionaba rápidamente y la guerra contra Francia se prolongaba lo mismo que la ausencia del rey Fernando, las juntas regionales procedieron a darse una organización nacional formando una Junta Central. Esta, que primero se estableció en Aranjuez, se debió ir trasladando de ciudad en ciudad hacia el sur de la península, ante el avance de los ejércitos franceses. Cuando casi todo el territorio español estaba en manos francesas, la Junta Central reunida en Cádiz en enero de 1810 se autodisolvió, designado en su lugar a un Consejo de Regencia.
Todas estas novedades acontecidas en España iban llegando a las colonias en América creando desconcierto y confusión. Además, se fueron formando tendencias partidarias de una u otra salida ante la situación que se había creado al faltar el monarca español.
3. EL MOVIMIENTO JUNTISTA EN AMÉRICA
A medida que iban llegando las noticias desde Europa (con un retraso de dos a tres meses), los habitantes de la América hispánica iban definiendo sus posiciones frente a los hechos. Al saberse lo acontecido en Bayona y el alzamiento del pueblo español contra Napoleón, se dividieron las opiniones. Un sector, el más conservador y vinculado a las autoridades residentes en América, era partidario de no innovar, es decir obedecer las autoridades residentes en España, sin tener en cuenta quienes eran esas autoridades y mantener en América el poder en manos de los virreyes y reales audiencias. Otro sector era partidario de imitar lo ocurrido en España y crear juntas también en América; sostenían que al faltar el rey, la autoridad de los virreyes carecía de validez y el poder quedaba en manos del pueblo. Otro sector, minoritario, era partidario de que las colonias españolas fueran gobernadas, mientras se esperaba el regreso al trono de Fernando VII, por su hermana Carlota Joaquina. Esta era esposa de Juan VI, rey de Portugal, y al producirse la invasión de Napoleón a su país, se había trasladado a Brasil junto con todo el gobierno portugués. El monarca portugués estaba interesado en que su esposa se hiciera cargo del gobierno de las colonias españolas porque en los hechos eso significaba que sería Portugal quien se haría cargo de la situación. Finalmente, estaban los afrancesados, que eran los menos, partidarios de obedecer a José Bonaparte y estaban de acuerdo con la ocupación francesa en España porque consideraban que de esta manera llegarían las reformas introducidas por la Revolución Francesa.
La tendencia juntista se fue imponiendo. Los movimientos juntistas tenían en común la adhesión a Fernando VII y el apoyo a la lucha del pueblo español contra los franceses. Se diferenciaban de un lugar a otro en la forma como se desarrollaron: En algunos lugares se llevaron a cabo con el acuerdo de las autoridades y en otros chocaron con la oposición de aquellas. Hubo una primer oleada de juntas en los años 1808 y 1809 que tuvieron corta duración pero sus consecuencias fueron importantes: eran organismos nuevos, no tradicionales y donde algunos criollos participaron. Y además se hicieron en base a principios que habrían de tener resonancia años después: 1) que, desaparecido el rey, el poder volvía al pueblo y éste debía resolver su futuro; 2) que los españoles americanos tenían los mismos derechos que los españoles europeos.
LAS JUNTAS DE 1810
Características. Cuando ya habían desaparecido las juntas creadas en 1808 y 1809, los nuevos acontecimientos de España provocaron el resurgimiento del movimiento juntista. La pérdida de casi todo el territorio español en manos de Francia y la creación del Consejo de Regencia para sustituir a la Junta Central, convulsionaron a las colonias.
En América, como en España, la mayoría negó legitimidad al Consejo de Regencia por considerar que la Junta Central no estaba facultada para delegar su poder y se debía consultar al pueblo. Ante la situación crítica, quines se oponían a la autoridad de los virreyes reclamaron que estos fueran sustituidos. Los criollos vieron su oportunidad de acceder al gobierno a través de las juntas.
En aquellos lugares donde los virreyes, capitanes generales o gobernadores se resistieron a la formación de juntas, los juntistas recurrieron al uso de la fuerza. Comenzaba así la revolución, aunque los juntistas no se proclamaban separatistas, sino que, por el contrario, decían mantener estos territorios para el rey Fernando VII. Por otro lado los regentistas consideraban que se debía reconocer la autoridad del Consejo de Regencia y que cualquier otra innovación podía ser peligrosa para mantener el orden.
La formación de juntas se hizo en las principales ciudades. El juntismo fue un movimiento netamente urbano y participaban de él sectores de clase alta y media. Aunque se invocaba al pueblo, los sectores populares permanecieron ajenos o simplemente participaron siguiendo las orientaciones de los dirigentes. Salvo excepciones, los indígenas, los negros y los campesinos no participaron.
La lucha por la independencia. En los meses siguientes a la formación de las juntas se produjo el enfrentamiento sangriento entre los dos sectores opuestos, juntistas y regentistas. En los dos bandos se juraba fidelidad al rey Fernando VII, pero poco a poco el juntismo se transformó en separatismo y la idea de proclamar la independenciafue ganando adeptos. En Venezuela ya se declaró en julio de 1811; en el Río de la Plata recién se hizo en julio de 1816. Los sucesos ocurridos en España a partir de 1810 también influyeron para que el juntismo americano se volcara hacia la independencia.
En 1810, el gobierno español reducido a la ciudad de Cádiz, que era el único lugar no ocupado por Napoleón, convocó a las Cortes, asamblea de origen medieval que había dejado de reunirse desde la implantación del absolutismo. En las Cortes prevaleció la tendencia liberal, bajo la influencia de las Nuevas Ideas, que redactó una constitución (1812) que limitaba el poder del rey (aún en Bayona).
Las cortes proclamaron la igualdad de derechos entre españoles y americanos y trataron de solucionar la situación de guerra que se vivía en las colonias. Pero la propia situación de guerra que se vivía en España les impidió resolver los problemas políticos que se estaban dando en las colonias.
En 1814 Napoleón fue derrotado por una poderosa coalición de estados europeos y Fernando VII fue repuesto en el trono de España (la restauración). El primer acto del gobierno de “el deseado” fue suprimir la constitución e instaurar nuevamente la monarquía absoluta. Inmediatamente envió ejércitos a América para reprimir a los criollos y terminar con el juntismo. Esos ejércitos fueron enviados a México y Venezuela, lo que dio un respiro a los centros de resistencia regentistas como el que existía en Perú donde el juntismo había fracasado.
El año 1815 fue difícil para el movimiento revolucionario que fue derrotado en varios lugares, manteniéndose firme sólo en el Río de la Plata. Pero resurgió y a partir de ese momento toma una clara definición por la independencia de las colonias españolas, y la lucha pasa de ser entre juntistas y regentistas a ser entre americanos y españoles. Hasta ese momento los movimientos se habían desarrollado en forma separada, pero en este nuevo período se produce una mayor unión para luchar contra los españoles.
Las grandes campañas militares. En Sudamérica se van a desarrollar dos grandes campañas militares: una que partía del Río de la Plata hacia el norte, dirigida por José de San Martín, y otra que partía de Venezuela hacia el sur dirigida por Simón Bolívar. Ambas se dirigían al principal foco de resistencia española: Perú. Tanto San Martín como Bolívar comprendieron que la revolución no lograría sus objetivos sino se atacaba directamente a Perú y se eliminaban los ejércitos españoles allí existentes.
San Martín concibió la idea de cruzar la cordillera de los Andes para trasladar al ejército revolucionario a Chile, plan que llevó a cabo en enero de 1817. En Chile obtuvo triunfos en Chacabuco y Maipú asegurando una base desde la cual lanzar el ataque final sobre Perú. Hacia éste se dirigió por mar a mediados de 1820, obteniendo rápidamente el dominio de la costa, pero los españoles se hicieron fuertes en el interior.
Por su parte Bolívar, luego de expulsar a los españoles de Venezuela y Colombia, se dirigió hacia Perú desde el norte, obteniendo los triunfos de Bomboná y Pichincha (en esta batalla lucharon juntos por primera vez colombianos, peruanos, chilenos y argentinos). En Quito se entrevistan Bolívar y San Martín, desconociéndose el contenido de la conversación. Luego de la entrevista San Martín se retiró del Perú, quedando la definición de la lucha en manos de Bolívar. Este obtendrá una victoria en Junín y finalmente, parte de su ejército, dirigido por Antonio Sucre, venció definitivamente a los españoles en Ayacucho en diciembre de 1824. Con este triunfo culminaban las campañas militares y los españoles se retiraron de Sudamérica.
El rey Fernando VII intentó recuperar las colonias organizando un ejército de reconquista y pidiendo apoyo a las potencias europeas que habían impulsado la restauración. Pero sus planes fracasaron y del imperio colonial español en América sólo pudo conservar, hasta fines del siglo XIX, las islas de Cuba y Puerto Rico.

lunes, 11 de junio de 2018
Primera Junta de Buenos Aires
Se conoce como Revolución de Mayo a la serie de eventos revolucionarios que sucedieron en mayo de 1810 en la ciudad de Buenos Aires, capital del Virreinato del Río de la Plata, una dependencia colonial de España.
Como consecuencia de la revolución fue depuesto el virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros y reemplazado por la Primera Junta de Gobierno.
Antecedentes: Los primeros pasos hacia la libertad
En 1806, Buenos Aires fue atacada por una flota británica al mando del almirante Home Riggs Popham, sin autorización del gobierno británico, ante la que el virrey no opuso resistencia alguna. Los invasores ocuparon la ciudad, pero fueron expulsados por una milicia popular en agosto siguiente. La nueva fuerza expedicionaria que el gobierno británico envió a Buenos Aires fue forzada a rendirse en 1807. La expulsión de los ingleses fue posible por el entusiasmo del pueblo guiado por Santiago Liniers, quien fue nombrado virrey por Buenos Aires, después de deponer al virrey Sobremonte. Estos acontecimientos tuvieron consecuencias imprevistas: los miembros de la colonia habían comprobado su capacidad de combate y la ineficacia de las autoridades coloniales españolas, por lo que pronto participaron de forma activa en el movimiento independentista que había comenzado a recorrer la Sudamérica española.
El sentimiento revolucionario en la región alcanzó su apogeo en el periodo siguiente al derrocamiento del rey español Fernando VII por Napoleón Bonaparte en 1808. El pueblo de Buenos Aires se negó a reconocer a José Bonaparte, hermano de Napoleón, que se instaló en el trono español. Al ser Liniers de nacionalidad francesa, la Junta de Sevilla —creada para mantener la resistencia contra los franceses— decidió en 1809 que éste debía entregar el poder a un nuevo virrey, Baltasar Hidalgo de Cisneros.
El 14 de mayo de 1810 llegó al puerto de Buenos Aires la fragata inglesa Juan París trayendo mercaderías y una noticia fundamental: el 1° de febrero había caído la Junta de Sevilla, última porción de poder español en la península ibérica, frente a la ocupación francesa.
Un grupo de Patriotas con ideas revolucionarias se venían reuniendo en la Jabonería, negocio de Hipólito Vieytes, en la casa de Rodríguez Peña y en la quinta de Mariano de Orma, gestando las ideas revolucionarias que culminaría saliendo a la luz el 25 de Mayo. Entre ellos estaban Belgrano, Saavedra, Rodríguez Peña, Alberti, Paso.
Semana de Mayo
Viernes 18
El virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros publica un bando en el que pide al pueblo que se mantenga fiel a España, que había sido invadida por los franceses.
Sábado 19
Los criollos piden a las autoridades se les permita realizar un Cabildo Abierto para tratar la situación.
Domingo 20
El virrey recibe a funcionarios del Cabildo, jefes militares y criollos, con quienes trata sobre la convocatoria del Cabildo Abierto.
Lunes 21
El Cabildo invita a los principales vecinos a reunirse el día 22 en Cabildo Abierto.
Martes 22
El Cabildo abierto, después de largas discusiones, resuelve que el virrey cese en el mando.
Miércoles 23
El Cabildo forma una Junta de Gobierno con Cisneros como presidente.
Jueves 24
Día de indignación del pueblo al enterarse de que el Cabildo había decidido que Cisneros continuara en el mando y renuncia de todos los miembros de la Junta.
Viernes 25
Los criollos, reunidos en la Plaza de Mayor, un día frío y lluvioso, gritan, en busca de noticias, "el pueblo quiere saber de que se trata". Este día se depone al virrey y se instaura un gobierno provisional, la Primera Junta de Gobierno, que actuaba en nombre de Fernando VII, los cabildantes reconocen la autoridad de la Junta Revolucionaria y así se forma el Primer Gobierno Patrio.
Primera Junta o Junta Revolucionaria
Presidente
Cornelio Saavedra
Secretarios
Mariano Moreno
Juan José Paso
Vocales
Manuel Alberti
Juan José Castelli
Miguel de Azcuénaga
Juan Larrea
Manuel Belgrano
Domingo Matheu
El Cabildo después de reconocer la renuncia de Cisneros, reconoció la nueva Junta. Horas más tarde juraron sus cargos los designados y se labró el acta con una serie de disposiciones sobre la organización del gobierno.
La junta de Gobierno tuvo que afrontar serios problemas frente al Consejo de Regencia y a las provincias del virreinato. Con respecto al primero publicó su no reconocimiento ni obediencia a la autoridad del Consejo de Regencia por cuanto estos pueblos no dependían de España sino de la Corona. Con respecto a las provincias, éstas podían ser no sólo fuentes de movimientos reaccionarios sino que se encontraban en la misma situación y con los mismos derechos que Buenos Aires para constituir juntas de gobierno. Por ello Buenos Aires envió proclamas a las provincias explicando lo acontecido y solicitando el envío de diputados para organizar un Congreso General.
La actitud de la Banda Oriental frente a la Junta de Buenos Aires
El territorio de la Banda Oriental estaba dividido, desde el punto de vista administrativo, en tres jurisdicciones: la de Montevideo, la de Buenos Aires y la de las Misiones que había sido ocupada por Portugal desde 1801. La actitud de Montevideo fue prestar reconocimiento al Consejo de Regencia formado en la metrópoli y no adherirse a la Junta de Mayo, debemos recordar que en Montevideo existía un sentimiento localista y de política conservadora, así también lo hicieron las ciudades que le pertenecían a la jurisdicción de Buenos Aires, menos Maldonado. Esta decisión de casi todos los pueblos de la campaña de la Banda Oriental, fue más aparente que real. Poco tiempo después en Asencio el 28 de febrero de 1811 y en cien lugares de la campaña, se afirmó el movimiento liberal reuniéndose en torno a la persona de José Artigas
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